La música es emoción, conexión, lenguaje y refugio. Pero también puede ser una poderosa herramienta de inclusión social, especialmente cuando se pone al servicio de quienes más lo necesitan. Así lo demuestra el programa “Coro, Canto e Inclusión”, una iniciativa de la Fundación Músicos por la Salud que en 2025 celebrará su cuarta edición, con un enfoque centrado en niños, niñas y adolescentes con discapacidad o Trastorno Mental Grave (TMG).
Este programa, financiado por la Vicepresidencia y Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas de la Generalitat Valenciana, se desarrollará de febrero a diciembre de 2025 en 8 centros sociosanitarios de la Comunidad Valenciana, y beneficiará directamente a 156 menores de entre 6 y 17 años.
Una experiencia musical con impacto real
“Coro, Canto e Inclusión” combina sesiones de canto coral participativo con acciones de sensibilización social. A través de una metodología accesible, emocionalmente significativa y creativa, el programa busca fomentar el desarrollo emocional, social y psicológico de los menores, al tiempo que promueve la inclusión y reduce los estigmas que aún persisten en torno a la discapacidad infantil.
Cada sesión de coro, presencial o telemática, se convierte en un espacio donde los niños y niñas no solo cantan, sino que también aprenden a escucharse, a expresarse, a trabajar en equipo y a fortalecer su autoestima. Se trata de espacios seguros y humanizados, donde la música actúa como vehículo para la expresión emocional y la construcción de vínculos.
Sensibilización desde la comunidad
Pero el impacto no queda solo en los centros. El proyecto también desarrolla una estrategia de sensibilización ciudadana con el objetivo de implicar a la sociedad en la construcción de una infancia más inclusiva.
Esta edición incluye:
- Una campaña de sensibilización a través de medios y redes sociales, donde se mostrarán los beneficios de la música en la salud mental y emocional infantil.
- Dos acciones telemáticas de participación ciudadana, dirigidas a la comunidad educativa, familiar y profesional, para promover la empatía, la colaboración y el compromiso.
A través de estos canales se espera alcanzar a más de 2.000 personas de la población general, generando conciencia y visibilidad sobre los derechos, capacidades y necesidades del colectivo infantil con discapacidad.
Un equipo con vocación transformadora
Para desarrollar esta propuesta, la Fundación cuenta con un equipo multidisciplinar formado por músicos/as, técnicos/as sociales y voluntariado especializado, todos comprometidos con la inclusión y la cultura accesible. Además, se realiza un seguimiento continuo del impacto emocional y educativo del programa a través de encuestas mensuales y una evaluación final con memoria técnica, auditoría y difusión de buenas prácticas.
La formación y acompañamiento del voluntariado también forma parte central del proyecto, reforzando el tejido comunitario que rodea a los niños y niñas participantes.
Más que un programa: una vivencia transformadora
El valor de este proyecto va mucho más allá de las cifras. Se trata de humanizar la experiencia educativa y sanitaria de la infancia con discapacidad, de crear puentes entre mundos que muchas veces han sido aislados y de transformar el modo en que entendemos la participación, el arte y la diversidad.
Porque cuando un niño con discapacidad canta junto a otros, no solo está haciendo música: está diciendo “yo también pertenezco”. Y eso, para muchos, lo cambia todo.
con el financiamiento de:
